"Desde que me cansé de buscar, he aprendido a hallar"

20 de junio de 2010

Lacan sa-be.

Qué esperamos? No sé. Esperamos? Me resulta una actitud tan inconfundiblemente pasiva, que hasta me cuesta siquiera considerarlo una actitud. Por qué habríamos de esperar? Qué?. Es cierto que en algunos casos no nos queda más remedio que simplemente... esperar. Y esperar, y esperar.. simplemente esperar que el tiepo transcurra, porque vaya uno a saber por qué extraños designios de la naturaleza, todo proceso conlleva un determinado tiempo. La trransformación de la oruga en mariposa, el transcurso de la noche al amanecer, los cambios físicos, los embarazos, las estaciones... todo a su tiempo, absolutamente independiente, e inmutable. Pero sin embargo, el tiempo como tal no es otra cosa que una más de las tantas invenciones humanas que una vez creadas terminan por sobrepasarnos.
Lacan dijo alguna vez que es el mundo de las palabras el que crea el mundo de las cosas, de manera que el tiempo sólo es tiempo porque lo podemos nombrar, porque nombrándolo lo hacemos real, lo hacemos existir. Y por qué?. Será que simplemente el tiempo es aquello que transcurre entre el momento en el que nacemos, y en el que finalmente dejamos de vivir? La insignia indiscutible de nuestra mortalidad?. Creamos el tiempo para describir exactamente lo opuesto a la muerte. Mientras el tiempo siga transcurriendo, no importa a qué paso... estaremos vivos. De manera que el tiempo no es más que un recordatorio constante de nuestra mortandad. Tenemos como provilegio (o como karma), en nuestro caracter de seres parlantes, la conciencia misma de nuestra propia muerte, y eso... eso ciertamente nos pesa.. casi casi tanto como el tiempo.
Entonces, "¿Qué esperamos?". No esperemos... porque esperar, sería probablemente acercarnos un poquito más a la muerte.

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