"Desde que me cansé de buscar, he aprendido a hallar"

5 de octubre de 2009

Aquello fue una linda primavera ♫

Diez años después. Cuánto tiempo, no? Aunque para el tango 20 años no sean nada, 10 en mi vida son muchos, sobretodo cuando en ese lapso transcurrió mi adolescencia, toda mi secundaria, la facultad, los amores… Creo que no me acuerdo cómo era yo hace exactamente diez años. O al menos no me acordaba. Pero…. Diez años después te vuelvo a encontrar, y los recuerdos surgen como cataratas de jazmines que lo perfuman todo. Un poco más de 13 años…toda la vida por estrenar.

La vida transcurría entre los recreos, las reuniones con las chicas para hablar de los chicos (todos ellos) y el tiempo que pasábamos en el kiosquito de enfrente. Tardes enteras sentados en la puerta del kiosquito haciendo absolutamente nada, sólo estando, siendo parte, aglutinándonos, masificándonos, encontrándonos. Todas las emociones estaban aún por estrenarse. Todos los principios estaban ahí, en esa época. Nos enamorábamos todos los días de un chico distinto, o de varios a la vez. Siempre había algo que chusmear. Los pibes de 5º año eran como semidioses a los que debíamos rendirles culto, porque además eran hermosos! Hombres hechos y derechos (de 17 años!!! Jajaja), que jamás prestarían atención a estas recién llegadas púberes que se ponían coloradas sólo de verlos pasar.

Todavía recuerdo que una de las chicas del que en ese momento era “el grupo” coleccionaba latitas de gaseosa vacías, boletos, papeles de caramelos o todo aquello que su semi-dios de 3º año fuera dejando a su paso. Y ni hablar si al destapar una gaseosa le salía sorprendentemente la inicial del muchacho en cuestión! Los planetas se alineaban, los astros jugaban todos a nuestro favor, las pruebas se suspendían y la chapita pasaba a ser considerada casi como un santo grial.

El mundo era nuevo, y recién lo estábamos estrenando. No dejábamos de ser nenes, pero queríamos jugar los juegos de los grandes.

Teníamos todavía el corazón libre de cicatrices, las espaldas libres de culpas y las mochilas aún vacías. Teníamos todo el mundo a nuestros pies, los cuadernos en blanco, la inocencia casi intacta (casi!). No teníamos miedo de nada, y lo queríamos todo. Todo era urgente, todo era de vida o muerte.

Y en ese frenético fluir adolescente, en el momento exacto en que nacían los jazmines y la primavera se hacía sentir, un chico me esperaba con la carpeta bajo el brazo a la salida de gimnasia. Y yo… me enamoré. De sus payasadas continuas, de su risa, de lo despreocupado. De las tardes al pedo tirados en alguna calle hablando de ¿nada?, de todo!, de las cosas que nos contábamos, de cómo me hacía reír. Me perseguía por todo el patio con un marcador para dibujarme caritas en los brazos, o con una botella de agua por todo el polideportivo para empaparme y que yo me vengara. Teníamos 13 años! Y así éramos felices…pelotudeces de pendejos que no puedo dejar de ver hoy a través de una infinita ternura. Esa ternura que me hace emocionar y sonreír cuando, diez años después, vuelvo a reírme al recordar cada una de estas cosas. Era el amor de mi vida (claro, todo bien al extremo), pero el año terminó, se fue del colegio, y yo no sabía el teléfono, ni donde vivía, ni había celulares o msn. Así que lo perdí.

Al año siguiente apareció un par de veces por el colegio, y yo me moría, claro... Después dejé de verlo.

Pasaron diez años, y siempre lo recordé. Nuestro idilio no debe haber durado más de 15, 20 días como mucho, pero yo era tan feliz!

Diez años sin saber nada de vos, hasta que la vida, la casualidad, el facebook o un capricho de los astros nos vuelve a juntar, diez años después.


Quién pudiera tener 13 años otra vez!!




♫♪♫♪♫


Si 10 años después

te vuelvo a encontrar

en algún lugar

no te olvides que soy

distinto de aquel

pero casi igual.



♫♪♫♪♫






21 de septiembre de 2009

Sabés donde te podés ir?

Este es un texto de mierda, porque la sensación es de mierda. Exactamente en el límite entre la bronca y el brote psicòtico. En pleno ataque maníaco-depresivo donde no me pude decidir entre destrozar todo lo que tengo al alcance a patadas, o ponerme a llorar hasta quedarme dormida. Porque realmente me hinché las pelotas, o no sé qué me pasó, pero me cansé. Claramente llegué al límite. Me cansé, no quiero entender más. No quiero consolar más a nadie. No quiero tener que escuchar una y otra vez las mismas pelotudeces. No quiero guardarme las puteadas cuando el infeliz que tengo enfrente no hace más que provocarlas. No quiero ser siempre buena. No quiero ser la mejor mina que conociste en la vida. No quiero ser santa nada. No quiero! Me harté de la posición pelotuda en la que quedo siempre. No soporto a la gente que se victimiza constantemente, y mucho menos si la causa de su desgracia es él mismo. Es imposible que quieras dar lástima al mundo sabiendo que el lugar donde estás es exclusivamente tu responsabilidad. No hay límite para la idiotez humana? En serio, me preocupa. Y lo que más me molesta es que seguramente el otro ni siquiera registre que lo que realmente me enerva sea su incapacidad para tomar decisiones y tener los huevos suficientes para sostenerlas sin hacer culpable al mundo por ellas. No hay ninguna fuerza superior que te obligue a hacer cagadas, estoy segurade eso. Hacete cargo! Lo más probable es que crea que realmente el mundo atenta contra él, y mi falta de acuerdo se deba simplemente … a que soy una hija de puta, que nunca quiso que fuera feliz, porque en realidad nunca superé el hecho de que no fuéramos a ser felices para siempre (¿?). Despertate infeliz!!!!!!!!!!!. No sos el centro del universo. Si no estoy de acuerdo con tus decisiones es porque me parecen…no sé qué me parecen realmente. Menos coherentes, cualquier cosa. Y que te hagas el enojado y no me dejes putearte como realmente amerita, me pone peor. Pero no tanto como las sutilezas que esgrimís, no sé todavía bien con que objetivo. Si para hacerme sentir mal, hacerme enojar… no sé qué sea lo que buscás, pero me parece muy bajo. En realidad, me parece mediocre toda la situación… cada uno de tus argumentos y tus explicaciones sobre la vida me dan ganas de vomitar. Que tu vida sea un castigo que la divinidad puso en tu camino para que pruebes tu fuerza, me parece un poco exagerado. En fin… me parece que sos un circo, y yo soy una pelotuda porque me engancho en estos jueguitos estúpidos que planteás, y encima esto… llego al punto de juntar tanta bronca que quedo así, como esta maraña de puteadas en la que me convertí ahora. Y lo que más me molesta en este momento, es saber que no es la primera vez que esto me pasa. Ser consciente de que estas situaciones se repiten una y otra vez me lleva a dudar seriamente de mi inteligencia. O al menos, de mi inteligencia emocional. Por qué carajo sigo hablando con vos? Por qué??? Creo que es un buen momento para plantear la posibilidad de desadmitirte de mi vida en general, con todas las implicancias virtuales que eso acarrea.
Soy consciente de que igual esto no sea sino la gota que – finalmente – rebalsó el vaso.
Ni bien me despierte, arreglo una sesión urgente para hoy. Necesito desahogar.
Si, me hinché las pelotas.

4 de septiembre de 2009

Momento Perfecto




Este podría ser tranquilamente un momento perfecto. En una mesa de bar, con un café con leche caliente entre las manos, el olorcito a medialunas recién horneadas inundándolo todo... y afuera la lluvia. La gris tarde que se fragmenta en cada charco, en cada espejo, en cada gota que resbala en el vidrio que me separa de ese afuera. Y es ideal, porque no hace frío. O al menos no demasiado.. sólo el suficiente para permitirme usar la bufanda fucsia que acabo de estrenar. Por de bajo de mis pies, la vibración del subte me hace creer en poderosos truenos que mueven mi mundo, y sin embargo... el mundo afuera sigue su curso mientras yo hundo de lleno mi nariz en la taza de café, dejando que el calor coloree mis mejillas.

Un ruido repentino me despierta de repente de mi trance, y entre celulares que suenan sin parar busco aislarme del entorno jugando con la espuma de mi taza. Y dibujo formas con la cuchara, escribo, invento, y me encuentro sin quererlo recordando aquellos textos de Iván, tan Cortazarianos, tan simples y tan complejos a la vez. Tan exactos. Sentado frente a una taza se llamaba. Creo que hasta puedo recordar algunas frases de memoria. Deben haber pasado tres o cuatro años de ese texto, y de todos los otros que acompañaban nuestras madrugadas, entre charlas literarias, divagues interminables y mucho humor. Yo también escribía sobre lluvias y café entonces. Aunque en realidad... no era exactamente yo quien escribía, sino otra. Otra Eliana. Una versión anterior de mí, sin tantas cicatrices y sin tanto miedo. Con muchos más momentos de felicidad, aunque no con más risas. Con menos pasado al hombro y muchas más ganas de intentarlo todo.

Hoy sigue lloviendo, y sigo tomando café. No es la misma esquina ni las mismas las situaciones, pero sí es similar la sensación. Creo que antes podía percibir las cosas de otra forma. Otra sensibilidad, otra perspectiva, otra actitud frente a la vida y el amor, otras inquietudes y otras expectativas. Veo que hoy mucho de eso cambió, y no creo estar del todo conforme con el cambio. Y no creo tampoco haber cambiado voluntaria y conscientemente. El tema dice: dejaste que el dolor te curtiera la piel... y tal vez sea eso. No me gusta admitirlo y mucho menos sentirlo, pero inevitablemente algo mío se perdió en estos años entre sales y algunos puñales.

Me acuerdo de la época en la que un viaje en bondi podía convertirse en el momento mágico del día, si sólo contaba con un mp3 y ganas de hilvanar historias no narradas. Pararse en un semáforo y contemplar un temeroso sol asomando por entre las nubes cargadas de lluvia, y quedarme parada mientras todos cruzan, sólo observando el regalo de colores que Dios me preparó esa tarde en esa esquina. Estudiar con Ismael de compañía, y mechar frases melancos entre renglón y renglón. Cantar mientras estudio, mientras camino, mientras me baño.... Yo era alguien que sabía disfrutar de las pequeñas cosas. Pero en algún punto del viaje, la inmensa nada me aplastó. Hoy me cuesta conectarme con esa sensibilidad que era capaz de inundar mis apuntes con frases que nada tenían que ver. Me cuesta ubicar esa parte del alma que siempre estuvo tan a flor de piel, y que hoy se esconde.

Algo de mí se perdió en este viaje. Ojalá no sea tarde para volver a nacer.. para poder levantarte - dice dos acordes después la misma canción. Y ahora, en este preciso momento en que puedo ver la lluvia de la mano de mi taza de café, sentada en una mesa de bar en una esquina mientras llueve y relleno renglones violetas sin parar... sé que no es tarde. Que de mí depende hoy que ese idioma que sabía interpretar vuelva a tener sentido para mis manos. Y justamente porque no es tarde es que escribo mi mail en una servilleta para que aquel mozo que en todo este tiempo no dejó de ver mi cuaderno - tratando quizás de descifrar lo que escribo - tenga al menos la posibilidad de preguntarme de qué se trata.

No es tarde para verme reír.

Es un momento perfecto.





Y auguro muchos más por venir.









♫ ♪ [De fondo suena: Verte Reír, de No Te Va Gustar] ♪ ♫



1 de septiembre de 2009

Otras primaveras...



Tengo que escribir. Algo tengo que escribir, aunque no sepa qué. Necesito hacerlo, simplemente porque no puedo dejar que este día pase de largo sin haber escrito algo, sin haberlo llenado con algo de mí. No puedo dejar que el día de hoy pase de largo y en blanco. No puedo silenciarme hoy. De manera que necesito encontrar las palabras que basten para darle a este hoy un nuevo sentido. Y probablemente no las encuentre. Las busqué... pero no están. Así que me puse a revolver entre letras amarillas y papeles arrugados tratando de encontrar ese idioma que ya no manejo, porque lo olvidé. Y entendí.

Entendí entonces que no se trata de volver a hablar viejas lenguas ni mantener a flote ropas antiguas. No se trata de eso. Y tampoco se trata de escribir por escribir, como el capricho idiota que nos conduce a veces a hacer las cosas más insólitas sin razón aparente. Se trata de buscar cómplices que atestigüen mi estado anímico de hoy. Se trata de ponerle nombre a estas repentinas ganas de vomitar, que nada tienen que ver con lo físico. Se trata de cachetearme de golpe obligándome a mirar para atrás, para reafirmar una vez más que voy por el camino correcto. O quizás.... Quizás no sepa realmente de qué se trata. Lo que sé es que hoy es un buen momento para agendar como un buen principio. Este es el momento en el que quiero decir "hasta acá", y que efectivamente hasta acá llegue todo aquello de lo que ya no quiero ocuparme. Creo que bastante tiempo le dediqué ya a algunas cosas, y sé que no se merecen más. Hoy es un buen momento para pensar en pintarme las uñas, plancharme el pelo y llegar al laburo media hora antes y con facturas, porque mi exilio estacional me hizo extrañarlos. Es un buen momento para pasarme la noche sin dormir, leyendo, para escuchar canciones nuevas, para aprender nuevos idiomas. Definitivamente creo que no se trata de recordar cómo decir, sino de aprender a decir distinto. Desde otro lugar, con otras herramientas, sabiéndome dispuesta a otras cosas. No es escribir por capricho, sino por necesidad. De contar, de saber, de entender.... de leerme a mí misma en voz alta para confirmar que soy yo hoy quien escribe la historia, y nadie de atrás me tira letra ni me obliga a omitir personajes. Se trata de decidir de qué forma reírme hoy, porque ya no están en duda las ganas de reír. Se trata de ajustar motores, de coordinar relojes, de calibrar maniobras, y finalmente andar.

Hoy el día no queda en blanco, porque hoy decido finalmente vaciar esa mochila vieja con olor a sal y humedad, para colgarme mi morral... más liviano, más colorido.. y más mío. Porque hoy decido quemar la guía T y perderme, no importa dónde. Porque me encontré, charlando conmigo. Y he decidido a partir de hoy caminar de mi mano sin soltarme, salvo para volar.






Porque después de todo he comprendido

que lo que el árbol tiene de florido

vive de lo que tiene sepultado.




12 de agosto de 2009

Como quieras...


No quiero repeticiones de quejas huecas.
No quiero noches eternas de discusiones sin sentido.
No quiero quedarme parada en la esquina sin entender los colores.
No quiero explicar aquello que no necesita explicación.
No quiero tener que justificar cada uno de mis pasos.
No quiero fingir más que me es divertido ponerle humor a lo patético.
No quiero dejar de hacer las cosas que realmente quiero hacer.
No quiero pedir permiso.
No quiero permitir más de lo permisible, ni intentar más de lo saludable.
No quiero perder el tiempo.
No quiero intentar cambiar el mundo.
No quiero intentar cambiar a nadie, ni que me obliguen a cambiar.
No quiero dejar de ser yo.
No quiero mimetizarme ni anularme.
No quiero perder la memoria.
No quiero otra vez la misma piedra en mi camino.
No quiero olvidarme de quien soy, ni cuánto valgo.
No quiero perder mi norte. Ni mi sur.
Quiero poder reírme a carcajadas sin que nadie intente callarme.
Quiero poder contar con la certeza de que saben leer mis ojos, mis silencios y mis manos.
Quiero usar mis toppers todo el año, junto a mi morral.
Quiero poder olvidarme del protocolo y de las apariencias.
Quiero viajar liviana. Quiero viajar, mucho.
Quiero mar en octubre y cumbres en marzo. Quiero lluvia en abril.
Quiero complicidad. Quiero puertas y ventanas por todos lados.
Quiero violeta y Halloween.
Quiero olor a jazmines desde septiembre.
Quiero planear huidas y regresos.
Quiero extrañar y que me duela la panza.
Quiero volver a escuchar esos temas.
Quiero confianza y libertad. Quiero volar de la mano.
Quiero sumar y construir. Quiero crecer, sin dejar nunca de ser chica.
Quiero chistes internos y códigos propios. Quiero el mismo idioma.
Quiero complementariedad, oposición, similitud y diferencia.
Quiero chispas. Y plena calma.
Quiero sentirme mareada. Quiero poder dejarme caer. Quiero poder creer.
Quiero volver a comenzar. Desde cero.
Y bien.



“Dejaste que el dolor
te curtiera la piel….
Ojalá no sea tarde,
para volver a nacer,
para poder levantarte”.

23 de julio de 2009

Creer o.... no.

Ya no creo muchas cosas. Lo que no significa que no siga creyendo EN muchas otras. Afortunadamente aprendi últimamente algunas cosas, que de cierta forma violentaron la ilusión de las cosas perfectas, hermosas y duraderas. Es probable que haya adoptado desde hace un tiempo una visión de la vida y las relaciones un tanto fatalista. Puede ser. Pero escuché alguna vez por ahí que el secreto es esperar lo mejor y prepararse para lo peor. No quiero ser la Cameron de esta serie, yendo por la vida confiando alegremente en que la gente es siempre buena, que las cosas al final siempre van a terminar bien, y que los buenos no mueren. Esas sí son ilusiones. Y me alegra haberme despejado del personaje que cruzaba los dedos antes de acostarse a dormir. Creo en la magia, pero no tanto así en los milagros. Creo en la maldad de las personas, en las malas intenciones, en el chusmerío barato y en la gente que parece ser feliz sólo destruyendo. Creo que hay gente que sólo vive para destruir. Creo que todo eso existe. Creo también en algún tipo de justicia, aunque no sé si exactamente en la justicia del hombre.
Pero creo también en la gente que hace el bien sin mirar a quien, que existen. Creo en la magia de las personas, en las personas con magia, en las miradas que sanan, y en las palabras que matan. Creo que la fe mueve montañas y que todas las mañanas son nuevas posibilidades para elegir. Creo en los cambios de perspectiva, en los cambios de vida. Creo en los cambios. Creo en las necesidades que surgen del estomago, de las dudas que nacen en el medio del caos. Creo en las transformaciones transformadoras. En el poder de un mate, de un libro y de una canción. Creo en lo autorreferencial de las letras, y en lo asombroso de los chicos.
Creo en las causalidades, en las carcajadas espontáneas, en las miradas cómplices y en los charcos de lluvia. Creo sobre todo en mis elecciones.
Sigo creyendo en muchas de las cosas en las que creía cuando todavía tenía dientes de leche, pero ahora entiendo más la realidad, e intento amoldarme a ella de la forma menos violenta posible. Creo, pero no soy idiota. No es lo mismo creer que ser una ilusa, y eso ya lo aprendí. Yo creo… y con eso basta.

15 de julio de 2009

Buena estrella

Ya ha corrido mucha agua debajo de este puente
me ha sobrado y me ha faltado inspiración...

...pero hoy que al fin el tiempo juega de mi lado, que ya no persigo subtes ni me duermo sólo con una canción, hoy que puedo detener las risas en el aire y adorar la lluvia sentada en un rincón... Hoy, que me permito perder el tiempo sumergida en la nada por horas, que juego a las escondidas con los relojes, que me quedo sin excusas cuando quiero llorar. Hoy, ahora, en este momento, hace algunos días, diariamente... encuentro a cada instante un pedacito más de mi. Y puedo encontrarme reflejada en los espejos, en cada letra que nace de mis manos, en cada latido de mi pecho y en cada intento de meditación. Hoy los bondis vuelven a volverse mágicos rincones de reflexión, y las calles infectadas de barbijos azules y paraguas abren paso a melodias de ninguna canción. Y vuelvo a cantar en voz alta por la calle. Y vuelvo a cantar en voz alta en el trabajo. Y vuelvo a cantar.
Y retomo las cosas que me gustan y que abandoné por falta de tiempo. Y también las que abandoné por falta de caracter. Y me pierdo en libros, en canciones, en peliculas... y rearmo al mismo tiempo mi propia historia abrazada a un diván, tratando de hallar el significante que me ate de una vez a mí misma. Que me reconcilie con mi identidad, que me diga "esto sos".
Busco entre recuerdos y fantasmas las señales, y agradezco al agua corrida bajo el puente, por fluir, sólo por fluir. Por nunca detenerse y enseñarme que el mundo no me espera. Y yo no voy a esperar al mundo tampoco. Porque times are changing, y es asombroso que así sea. Porque la vida es cíclica y nos encontramos siempre para recomenzar. Porque cerrar etapas no significa perder sino crecer, y en eso estamos. Sostenida por proyectos en medio de una curva de este espiral impredecible de la vida, buscando el camino de ahora en más. Tratando de no perderme las señales, de interpretar las intuiciones, de no perderme de vista. Tratando de llevarme conmigo vaya a donde vaya, de no dejarme fuera de los planes, ni al margen de los acontecimientos. Delineando con los pies el territorio del hoy que me separa de lo que fui hace un tiempo y no quiero volver a ser. Teniendo en la mente lo que no quiero volver a hacer. Acariciando cicatrices de tormentas donde me pude ahogar, para poder hoy nadar, incluso contra la corriente. Porque hoy que por fin el tiempo juega de mi lado, sé que es el tiempo lo que menos me importa. Que no hay zanahoria detrás de la cual correr, sino cientos de momentos para sentarse a contemplar, y sólo ser.
Ahora que tengo el tiempo para ser,
sólo soy.
Y me gusta lo que soy.

5 de mayo de 2009

Hoy



Hoy un nene le dijo a su mamá en el colectivo que cuando fuera más grande iba a juntar 100 pesos para comprarse todas las figuritas que existieran en el universo.


Hoy empecé con el pie derecho y me enorgullecí de mí misma.


Hoy una persona me vio por primera vez. Y me siguió viendo.


Hoy pensé menos, me reí más, me des-pre-ocupé.





Ahora estoy pensando invertir en figuritas.


7 de abril de 2009

Sólo...

.
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Ayudame.
Acompañame.
Hace algunos días escuché estas palabras, y me sonaron absolutamente ajenas. Creo sin más, que se debe al hecho de no haberlas escuchado muchas veces en la vida. Ya nadie las usa. Y quiero aclarar en este punto, que no se trata sólo del significado que esas palabras puedan llegar a tener. No se trata tanto de qué se dice, sino del cómo. Porque sin duda para mí, no es lo mismo Me acompañarías a…? que Acompañame. No es lo mismo Podrías ayudarme a… ? que Ayudame. No sé si será una diferencia que noto sólo yo…pero me resulta al menos significativa. No es lo mismo sugerir, que pedir. Creo que el Ayudame, o Acompañame… implican necesariamente un pedido hacia el otro. Un pedido que va más allá de cualquier demanda cotidiana y ordinaria. Es un pedido que esconde definitivamente una demanda de amor. Cualquiera de estos dos pedidos implica reconocer ante el otro una necesidad. Necesidad - justamente - de ese otro. Implica sacar a la luz y dejar relucir nuestra incompletud, nuestra indefensión… nuestra falta. Decirle a ese otro Ayudame, es decirle que necesito de él, que me hace falta. Y es tener también el valor para demostrar sin tapujos que no soy omnipotente, y que necesito de él... alguna vez.
Hoy nadie se atreve a mostrar su falta a nadie más. Nadie asume tan fácil el riesgo de anunciarse concientemente frágil. Me pregunto.. ¿Tanto nos lastimaron?. Tanto que nos negamos a nosotros mismos para no admitir nuestras faltas?. Lo que no entendemos es que sin aceptar la falta, jamás podremos darle al otro un lugar donde ubicarse, porque le estaremos cerrando las puertas.
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Simplemente pensaba... qué lindo sería hoy que unos ojos cafés me dijeran acompañame.
.

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Sólo acompañame.
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1 de abril de 2009

Tiempo de Crisis

He llegado a la trágica conclusión que intentaba evitar: Nadie sabe lo que quiere. Hace siglos que circula entre los chistes machistas el típico “¿Quién entiende a las mujeres?”. Ok, ni Freud pudo. Pero.. y los hombres?. Acaso alguien al menos en esta retorcida ciudad entiende a los hombres?. Yo, definitivamente, me rindo. Son absolutamente indescifrables. Y no me vengan ahora con eso de que los hombres son sencillamente… SIMPLES!, porque es mentira. Ni ellos tan simples, ni nosotras tan retorcidas. Más de una vez pareciera que los clásicos roles se invirtieran, y nadie termina entendiendo nada. Nunca están del todo claras las reglas del juego. Y parece que cada quien las amoldara de acuerdo a sus propios gustos y conveniencias. Y entonces? A qué jugamos finalmente?. Cada día siento un poco más que en los tiempos que corren, ser mujer, soltera, y “normal”…es una misión imposible. Quizás tenga que ver el hecho de haber estado fuera del “mercado” algunos años y, por ende, haber perdido un poco el hilo de las típicas técnicas de apareamiento de la época. Sin embargo, eso no impidió que los últimos meses se convirtieran en una pasarela de personajes tan bizarros como olvidables. Strippers impresentables, bohemios desquiciados, adolescentes alzados, números equivocados, etc, etc, etc. Increíble la cantidad de personajes con los que una se puede llegar a topar en esta vida. Anécdotas para la historia.
El sábado pasado estaba con mi amiga en un conocido local de comidas rápidas de la calle Corrientes. Siendo sábado a la noche, el local estaba sorprendentemente vacío. Le comento este hecho a ella, quien me responde: “Y.. es fin de mes… es la crisis.” Minutos más tarde, se desarrolló la siguiente conversación:

- Vos viste la cantidad de parejas gay que hay?
- Sí, es verdad.
- Lesbianas.
- Y, es que no queda otra. Parece la única solución posible, tendríamos que pensarlo nosotras. No hay penes.
- No, error: no hay huevos.
- Y… es la crisis.

Los hombres se acobardaron! Desaparecen, dejan de llamar, se hacen las divas…qué onda?. Te queman la cabeza por sms, por msn, por lo que sea.. y al momento de concretar… Excusas. Acá hay algo mal que no está bien, como diría mi hermano. Parece que evidentemente la crisis llegó a todos lados… y está desilusionando mujeres por todo el mundo.
Ahora resulta que todos los hombres son demasiado jóvenes para comprometerse (¿?). Ni que llevara escrito en la frente Me quiero casar!

Al final, no sé si es que realmente nadie sabe lo que quiere, o si simplemente les da miedo aceptar que saben exactamente lo que quieren.

Yo sé lo que quiero. Hoy.


.eLy

11 de marzo de 2009

¿Por qué ya nada es lo que era?




Y hay varias formas de responder a eso, dependiendo de la orientación exacta de la pregunta. En el primer caso, y suponiendo que la pregunta esté orientada al origen del nombre de este humilde espacio, la respuesta sería entonces un breve relato. Hace algunos - varios - años, la verborragia literaria me obligó a crearme un submundo virtual donde poder compartir con otros noctámbulos algunas de mis miserias, mis alegrías, mis delirios de madrugada, y unos cuantos etcéteras más. En esa época, Cumbio probablemente estaba todavía usando delantal blanco, y el fotolog no era un lugar tan bastardeado, por lo que decidí crear el mío propio. El inconveniente principal fue la elección del nombre. Me negaba rotundamente a los faltos de gracia "pipi_la_mas_loca", "elita_pompeya", "vamo_lospibes" y buscaba algo que realmente le diera sentido y significación a aquello que estaba creando. Pasaba en ese entonces por un momento muy particular de mi vida, en el cual me autocastigaba con Ismael Serrano constantemente...y ahí surgió. Desde aquellas naves ardiendo más allá de Orión, Ismael enumeraba las cosas que ya no serían igual. Y no lo serían.

Ya nada es lo que era, entonces, es el título de una canción que supo acompañar más de una madrugada en vela y se sumó a alguna que otra reflexión nostálgica de este ser tan particular que me tocó ser.

Así, quedaría respondida la primera parte de este posible interrogante. Sin embargo, podrían cuestionarme de modo más filosófico, tratando de averiguar qué fue lo que cambió. Esa respuesta es aún más simple: prácticamente todo. De un tiempo a esta parte no ceso de verificar que con cada paso que damos en esta vida, algo se modifica. Que dejamos y adoptamos, amoldamos, desechamos, reinventamos, construimos, derrumbamos y creamos constantemente algo. Algo cambia constantemente. Nosotros cambiamos constantemente. Afortunadamente.

Definitivamente, aquella madrugada en que decidí abrir ese flog que ya no existe, sabía que algo cambiaba para siempre. Desde esa madrugada, nunca más escribí igual. Y esa madrugada entendí también que afortunadamente había perdido muchas cosas. Pero como dice un tema de NTVG: no necesitamos nada de lo que perdimos. Lo importante, siempre permanece resguardado, intacto.

Desde hace algunos meses entendí nuevamente que ya nada sería igual. Y hoy no podría ser mejor.



Brindo por los ciclos de cambio,
por los renaceres del alma,
los momentos de reinventarnos,
y el refugio de la esencia.

Brindo hoy,
con quien quiera acompañarme,
por los cambios que vendrán.


Y bienvenidos!



.eLy