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que escriben en canciones
el trazo de una estrella.
Cartas que nunca se envían.
Botellas que brillan
en el mar del olvido.
Nunca dejes de buscarme
la excusa más cobarde
es culpar al destino...
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Cuando era más joven era menos cobarde. Ahora parece como si los años hubieran robado parte de mi inconsciencia natural. Como si algo de toda esta locura de crecer dispusiera casi por decreto que los adultos asumen menos riesgos. O no, pero al menos la decisión que nos permite tomar esos riesgos se demora más, se mastica más, se evalúa, se analiza desde todos los angulos posibles, se debate, se psicoanaliza, se terapiza (si es que eso existe). Fui perdiendo el impulso, la impulsividad, un poquito de desenfreno adolescente que se quedó en el cambio de década. Si antes fui capaz de irme a las 6 de la mañana en bondi a buscar a un tipo que no conocía a la puerta de su laburo, bañada en perfume. Si a los 12 años pude confesarle a mi entonces gran amor, llorando y abrazándolo frente a más de 3 testigos que me gustaba, que lo quería, que me perdonara (por una boludez, claro)... y el pobre pibe -todavia un año menor que yo- no entendía nada, y sólo se limitaba a abrazarme y decirme que estaba todo bien.
Antes las consecuencias me pesaban menos, como las decisiones, como el pasado. Pero cada tanto....cada tanto pasa que algo de repente se rompe en algún rinconcito dentro mio. Algo que no sé exactamente qué es, pero que habilita una vía de escape rápida a esos impulsos reprimidos y dormidos que pugnan por salir a la superficie. Anoche fue uno de esos momentos. Quizás porque llovía, porque desde mi cama podía escuchar los truenos, o simplemente porque por acumulación las cosas solitas empiezan a surgir.
Y hoy, habiéndose frustrado mi impulso inconsciente de vómito emocional noctuno, veo en cada esquina lluviosa la posibilidad de un encuentro de esos que sueño alguna que otra noche, muy cinematográfico, muy poco real. Muy poco real porque es de día nuevamente, y el impulso inicial perdió fuerza, motivación, y yo perdí el coraje y me vestí de cobarde otra vez.
Será cuestión -nuevamente- de desempolvar el disfraz de valiente, y salir a tropezar.
De repente entre sueños me encontré diciendo: "ya sonó el despertador de la moral".
El despertador de la moral?
Todo porque la alarma de mi celular no entiende que los feriados no madrugo.
Y me quedo pensando que extrañas cosas habré estado soñando....
Yo, la inconsciente Amoral.