Cuando era más joven era menos cobarde. Ahora parece como si los años hubieran robado parte de mi inconsciencia natural. Como si algo de toda esta locura de crecer dispusiera casi por decreto que los adultos asumen menos riesgos. O no, pero al menos la decisión que nos permite tomar esos riesgos se demora más, se mastica más, se evalúa, se analiza desde todos los angulos posibles, se debate, se psicoanaliza, se terapiza (si es que eso existe). Fui perdiendo el impulso, la impulsividad, un poquito de desenfreno adolescente que se quedó en el cambio de década. Si antes fui capaz de irme a las 6 de la mañana en bondi a buscar a un tipo que no conocía a la puerta de su laburo, bañada en perfume. Si a los 12 años pude confesarle a mi entonces gran amor, llorando y abrazándolo frente a más de 3 testigos que me gustaba, que lo quería, que me perdonara (por una boludez, claro)... y el pobre pibe -todavia un año menor que yo- no entendía nada, y sólo se limitaba a abrazarme y decirme que estaba todo bien.
Antes las consecuencias me pesaban menos, como las decisiones, como el pasado. Pero cada tanto....cada tanto pasa que algo de repente se rompe en algún rinconcito dentro mio. Algo que no sé exactamente qué es, pero que habilita una vía de escape rápida a esos impulsos reprimidos y dormidos que pugnan por salir a la superficie. Anoche fue uno de esos momentos. Quizás porque llovía, porque desde mi cama podía escuchar los truenos, o simplemente porque por acumulación las cosas solitas empiezan a surgir.
Y hoy, habiéndose frustrado mi impulso inconsciente de vómito emocional noctuno, veo en cada esquina lluviosa la posibilidad de un encuentro de esos que sueño alguna que otra noche, muy cinematográfico, muy poco real. Muy poco real porque es de día nuevamente, y el impulso inicial perdió fuerza, motivación, y yo perdí el coraje y me vestí de cobarde otra vez.
Será cuestión -nuevamente- de desempolvar el disfraz de valiente, y salir a tropezar.
"Desde que me cansé de buscar, he aprendido a hallar"
30 de julio de 2010
Qué diría Silvio de mi?
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27 de julio de 2010
Pensar para no pensar
Dejo la cartera, bolso o mochila sobre la silla, la campera en el respaldo, silencio el celular, y me acomodo. Me saco la hebilla del pelo (si es que hay), y juego con ella abriéndola y cerrándola en mis dedos. Si no tengo hebilla me divierto haciendo girar el centro de mi anillo de acero. Casi como un ritual. Y casi como una constante no sé muy bien por donde empezar, y termino no sabiendo cómo callarme. Como un dique, una vez que abren las compuertas es casi imposible frenar esa violenta catarata de significantes, ideas, asociaciones, adjetivos, nombres, puteadas a veces, reflexiones, etcétera, etcétera y etcétera.
Y al salir, la cosa puede variar. Puede sobrevenir una incontrolable necesidad de caminar sin rumbo determinado para acomodar ideas, con el entrecejo fruncido y la mirada casi casi perdida, o bien puedo recurrir urgentemente a los auriculares para apagar algún que otro grito que prefiero no escuchar.
Y hoy.. hoy no fue ninguno de los dos. Hoy simplemente esperaba en la parada del bondi, muy despeinada para variar (porque el diván despeina) cuando un vientito practicamente primaveral se empeñaba en desacomodar los pocos pelos que todavía se mantenían en su lugar. Y ahi pensaba que casi es agosto, que casi termina el año, que está empezando a hacer calorcito, que me gustaría que lloviera, que tengo ganas de bailar, mucho... pensaba, qué sé yo, en cosas... todas esas cosas en las que la gente piensa para evitar realmente pensar en aquellas cosas en las que tiene que pensar.
Y al salir, la cosa puede variar. Puede sobrevenir una incontrolable necesidad de caminar sin rumbo determinado para acomodar ideas, con el entrecejo fruncido y la mirada casi casi perdida, o bien puedo recurrir urgentemente a los auriculares para apagar algún que otro grito que prefiero no escuchar.
Y hoy.. hoy no fue ninguno de los dos. Hoy simplemente esperaba en la parada del bondi, muy despeinada para variar (porque el diván despeina) cuando un vientito practicamente primaveral se empeñaba en desacomodar los pocos pelos que todavía se mantenían en su lugar. Y ahi pensaba que casi es agosto, que casi termina el año, que está empezando a hacer calorcito, que me gustaría que lloviera, que tengo ganas de bailar, mucho... pensaba, qué sé yo, en cosas... todas esas cosas en las que la gente piensa para evitar realmente pensar en aquellas cosas en las que tiene que pensar.
12 de julio de 2010
Cualquier similitud con la realidad es mera coincidencia.
- Pero bueno, contame: Qué onda con el pibe este?
- Y nada, qué sé yo…No pasó nada.
- Bueno, pero te gusta.
- Y si, un poco me gusta.
- Y hay onda?
- Y yo qué sé? Puede ser… es imposible saberlo.
- Pero no te tira ninguna punta? nada?
- No sé boluda, no sé tratar con personas normales.
- Normal? Jajajajaja. Desde cuando te gustan los tipos normales?
- Desde ahora parece.
- No es un perrito rengo?
- Por ahora no ha demostrado serlo… pero viste que es cuestión de tiempo también. Si no es rengo, ya le voy a quebrar una gamba yo.
- Jajajajajaajaj, qué boluda!
- Y… es que sí, es la única opción que queda por comprobar, para determinar qué tan cagada estoy.
- Y la psicóloga qué dice de tus cachorros rengos?
- Que tengo que des-obsesionarme. Todavía no sé si me sale o no.
- Des-obsesionarte con qué?
- Con tratar de salvar al mundo, un gil a la vez.
- Jajajajajaja. Igual ya neutralizaste un par de giles.
- Todas lo hemos hecho. Preparamos hombres para que encuentren su criptonita urgente y dejen a la humanidad seguir su curso.
- Claro. En realidad somos como la versión femenina de Mr. Músculo si lo pensás.
- ¿?
- Vamos por la vida limpiando desastres ajenos. Le dejamos la cocinita lista para que construyan una vida feliz. Y nos vamos buscando otro chiquero para limpiar.
- Vos creés que todas las mujeres son tan pelotudas como nosotras? O tendrá que ver con algún factor que desconocemos?
- Yo creo que todas fueron así de pelotudas en algún momento, pero nuestro rasgo característico es la perseverancia, sin lugar a dudas.
- Y si…
- Y existirá la posibilidad de que no le quiebres la pata al perro?
- Cómo saberlo? Tengo que domesticarlo antes.
- Se dejará?
- Volvemos a la misma respuesta: no sé! Cómo mierda piensa un pibe normal? No es mi target. Estoy acostumbrada a eternos adolescentes que piensan como si acabaran de volver de su viaje de egresados y les durara la resaca. Saber cómo piensa este pibe sería invertir mucha creatividad.
- Es un terreno no explorado, jajajaja.
- Todo es interpretable aparte. Puedo pensar que me dice tal cosa porque en realidad es tímido y no se anima a decirme tal otra, que me tira preguntas porque en realidad me está tanteando, que desconfía de su suerte y por eso no atina a nada… o que tenemos buena onda porque él en realidad es gay y se acercó a mí porque sabe que estoy a favor del matrimonio entre gente del mismo sexo. Es un amplio abanico de posibilidades.
- Hay pruebas de que no es gay?
- No
- Pero parece?
- No, tampoco.
- Tenés fotos? Te digo de toque.
- Si, perá…Ahí está, es ese.
- …
- …
- Boluda, encima está bueno! Por algún lado renguea, es fija.
~ La piba no entendió nada. O lo entendió todo. Lo sabremos en el próximo capítulo. ~
Para algo existe la terapia!
(Un saludo a mi psicóloga que me está mirando!)
~ ~ ~
Glosario:
Síndrome del perrito rengo: Dícese del síndrome que aqueja a determinadas mujeres que sienten la irrefrenable necesidad de enamorarse y entablar relaciones amorosas con especimenes con las más variadas patologías, en distintos grados. Las mismas pueden ir desde problemas vinculares con la progenitora hasta traumas de la infancia y algún que otro traumita sexual. [Si aún no está en ningún manual, debería estarlo]
Teoría de la Neutralización: Cuando 2 pelotudos de distinto sexo andan sueltos por el mundo complicándole la existencia a diversas personas a lo largo del tiempo, y finalmente la alineación de los planetas consigue emparejarlos, decimos que se han anulado por potencias destructivas. Dos discapacitados emocionales que se anulan mutuamente evitando así sufrimiento a terceros. Un golazo.
- Y nada, qué sé yo…No pasó nada.
- Bueno, pero te gusta.
- Y si, un poco me gusta.
- Y hay onda?
- Y yo qué sé? Puede ser… es imposible saberlo.
- Pero no te tira ninguna punta? nada?
- No sé boluda, no sé tratar con personas normales.
- Normal? Jajajajaja. Desde cuando te gustan los tipos normales?
- Desde ahora parece.
- No es un perrito rengo?
- Por ahora no ha demostrado serlo… pero viste que es cuestión de tiempo también. Si no es rengo, ya le voy a quebrar una gamba yo.
- Jajajajajaajaj, qué boluda!
- Y… es que sí, es la única opción que queda por comprobar, para determinar qué tan cagada estoy.
- Y la psicóloga qué dice de tus cachorros rengos?
- Que tengo que des-obsesionarme. Todavía no sé si me sale o no.
- Des-obsesionarte con qué?
- Con tratar de salvar al mundo, un gil a la vez.
- Jajajajajaja. Igual ya neutralizaste un par de giles.
- Todas lo hemos hecho. Preparamos hombres para que encuentren su criptonita urgente y dejen a la humanidad seguir su curso.
- Claro. En realidad somos como la versión femenina de Mr. Músculo si lo pensás.
- ¿?
- Vamos por la vida limpiando desastres ajenos. Le dejamos la cocinita lista para que construyan una vida feliz. Y nos vamos buscando otro chiquero para limpiar.
- Vos creés que todas las mujeres son tan pelotudas como nosotras? O tendrá que ver con algún factor que desconocemos?
- Yo creo que todas fueron así de pelotudas en algún momento, pero nuestro rasgo característico es la perseverancia, sin lugar a dudas.
- Y si…
- Y existirá la posibilidad de que no le quiebres la pata al perro?
- Cómo saberlo? Tengo que domesticarlo antes.
- Se dejará?
- Volvemos a la misma respuesta: no sé! Cómo mierda piensa un pibe normal? No es mi target. Estoy acostumbrada a eternos adolescentes que piensan como si acabaran de volver de su viaje de egresados y les durara la resaca. Saber cómo piensa este pibe sería invertir mucha creatividad.
- Es un terreno no explorado, jajajaja.
- Todo es interpretable aparte. Puedo pensar que me dice tal cosa porque en realidad es tímido y no se anima a decirme tal otra, que me tira preguntas porque en realidad me está tanteando, que desconfía de su suerte y por eso no atina a nada… o que tenemos buena onda porque él en realidad es gay y se acercó a mí porque sabe que estoy a favor del matrimonio entre gente del mismo sexo. Es un amplio abanico de posibilidades.
- Hay pruebas de que no es gay?
- No
- Pero parece?
- No, tampoco.
- Tenés fotos? Te digo de toque.
- Si, perá…Ahí está, es ese.
- …
- …
- Boluda, encima está bueno! Por algún lado renguea, es fija.
~ La piba no entendió nada. O lo entendió todo. Lo sabremos en el próximo capítulo. ~
Para algo existe la terapia!
(Un saludo a mi psicóloga que me está mirando!)
~ ~ ~
Glosario:
Síndrome del perrito rengo: Dícese del síndrome que aqueja a determinadas mujeres que sienten la irrefrenable necesidad de enamorarse y entablar relaciones amorosas con especimenes con las más variadas patologías, en distintos grados. Las mismas pueden ir desde problemas vinculares con la progenitora hasta traumas de la infancia y algún que otro traumita sexual. [Si aún no está en ningún manual, debería estarlo]
Teoría de la Neutralización: Cuando 2 pelotudos de distinto sexo andan sueltos por el mundo complicándole la existencia a diversas personas a lo largo del tiempo, y finalmente la alineación de los planetas consigue emparejarlos, decimos que se han anulado por potencias destructivas. Dos discapacitados emocionales que se anulan mutuamente evitando así sufrimiento a terceros. Un golazo.
10 de julio de 2010
4 de julio de 2010
♫ Si se callase el ruido...
Hace calor. No debería, pero la temperatura de este Julio recién empezado nada tiene que ver con lo habitual. Ya son las 8 de la noche y contra topo pronóstico el cielo me regala unas cuantas estrellas y un vientito primaveral que me permite sentarme tranquilita en la terraza a mirar la nada misma como si lo fuera todo. Si fumara, probablemente éste sería el momento ideal para prenderme un pucho. Y tendría al lado un mate, si no me diera tanta fiaca bajar a buscarlo.
Es domingo, y se acerca el horario en el que lentamente empezaría a ponerme de mal humor sabiendo que la semana está casi casi empezando. Pero no. Mañana no voy a trabajar, y eso hace que indefectiblemente también este domingo tenga un saborcito especial.
Un domingo no tan domingo. Un invierno no tan invierno. Todo... tan raro.
Los días como hoy, con esta exacta temperatura y este mismo vientito, son los que siempre siempre me retrotraen a mi infancia. Vaya uno a saber por qué, automaticamente vienen a mi memoria recuerdos de las noches en la terraza (una terraza, otra terraza), cuando el sol terminaba de apagarse y el calor de adentro hacía imposible respirar, cuando buscábamos este respito en la terraza, con los pies adentro de le pelopincho más de una vez. Cenábamos ahí, con la radio prendida, jugando a algo, o sólo pasando el tiempo hasta que el sueño llegara y tuvieramos que buscar irremediablemente el rinconcito más fresco de la cama para poder dormir.
No sé por qué esos recuerdos. La verdad que no sé. Como tampoco sé de que mágica manera las tormentas anunciadas para hoy se convirtieron en el cielo despejado y estrellado del que soy testigo. Miro hacia arriba y busco casi instintivamente las tres marías, el cinturón de Orión... nunca pude encontrar la cruz del sur. Pienso que Ale sabria de estas cosas, pero claro... con el telescopio es más fácil. Mi ojo humano, amaestrado a la tierra y tan desacostumbrado a las estrellas, no lo ve. Miro a mi alrededor y pienso que lo único que le faltaría a esta escena para ser perfecta sería un asado. O ni siquiera un asado. Sólo el ruidito del fuego cosumiéndolo todo, creando esas sombras tan cambiantes a su alrededor, el olorcito a la madera encendiéndose.
Pero no hay fuego, no hay sombras más que la mía, y el olor más claro que puedo sentir es el esmalte de mis uñas recién pintadas. Se escuchan autos en la avenida, algunos bondis, y de repente... las campanas de la iglesia, que mi oído amaestrado había dejado de oír hace mucho.
Entonces la pregunta se formula de forma inevitable: qué más dejé de oír? Qué más dejé de ver?. En qué momento todas las cosas a mi alrededor se volvieron rutina y costumbre y dejé de percibirlas como tales? Qué es lo que hace que la repetición lleve a vaciar de sentido algunas cosas?. Me pregunto si así funciona con todo. Por qué silencio aquellas cosas que doy por sentadas?. Por qué mi mente, selectiva y caprichosamente, deja de escuchar las campanas sólo porque se acostumbró a ellas?. Algunas noches, cuando el viento lo permite escucho desde mi habtación el sonido del tren, y sólo ahí reparo en su presencia. Hoy, después de muchos meses vuelvo a escuchar esas campanas... y creo que todo se debe exclusivamente a una cosa: hoy estaba dispuesta a oírlas. Hoy elijo subir a la terraza a las ocho de la noche a permitir que el desubicado vientito primaveral de julio me despeine, que alguna que otra hormiga se trepe por mis piernas mientras yo ignoro su presencia en la oscuridad. Hoy dejo de lado los ruidos para permitirme finalmente oír. Creo que es indudable: algo está pasando con mis sentidos.
Estoy alerta, pero relajada. Hay algo que debo escuchar, algún mensaje que debo entender...algo, que tengo que ver.
Estoy intentando callar el ruido, para así empezar a oír.
.Ly!
Es domingo, y se acerca el horario en el que lentamente empezaría a ponerme de mal humor sabiendo que la semana está casi casi empezando. Pero no. Mañana no voy a trabajar, y eso hace que indefectiblemente también este domingo tenga un saborcito especial.
Un domingo no tan domingo. Un invierno no tan invierno. Todo... tan raro.
Los días como hoy, con esta exacta temperatura y este mismo vientito, son los que siempre siempre me retrotraen a mi infancia. Vaya uno a saber por qué, automaticamente vienen a mi memoria recuerdos de las noches en la terraza (una terraza, otra terraza), cuando el sol terminaba de apagarse y el calor de adentro hacía imposible respirar, cuando buscábamos este respito en la terraza, con los pies adentro de le pelopincho más de una vez. Cenábamos ahí, con la radio prendida, jugando a algo, o sólo pasando el tiempo hasta que el sueño llegara y tuvieramos que buscar irremediablemente el rinconcito más fresco de la cama para poder dormir.
No sé por qué esos recuerdos. La verdad que no sé. Como tampoco sé de que mágica manera las tormentas anunciadas para hoy se convirtieron en el cielo despejado y estrellado del que soy testigo. Miro hacia arriba y busco casi instintivamente las tres marías, el cinturón de Orión... nunca pude encontrar la cruz del sur. Pienso que Ale sabria de estas cosas, pero claro... con el telescopio es más fácil. Mi ojo humano, amaestrado a la tierra y tan desacostumbrado a las estrellas, no lo ve. Miro a mi alrededor y pienso que lo único que le faltaría a esta escena para ser perfecta sería un asado. O ni siquiera un asado. Sólo el ruidito del fuego cosumiéndolo todo, creando esas sombras tan cambiantes a su alrededor, el olorcito a la madera encendiéndose.
Pero no hay fuego, no hay sombras más que la mía, y el olor más claro que puedo sentir es el esmalte de mis uñas recién pintadas. Se escuchan autos en la avenida, algunos bondis, y de repente... las campanas de la iglesia, que mi oído amaestrado había dejado de oír hace mucho.
Entonces la pregunta se formula de forma inevitable: qué más dejé de oír? Qué más dejé de ver?. En qué momento todas las cosas a mi alrededor se volvieron rutina y costumbre y dejé de percibirlas como tales? Qué es lo que hace que la repetición lleve a vaciar de sentido algunas cosas?. Me pregunto si así funciona con todo. Por qué silencio aquellas cosas que doy por sentadas?. Por qué mi mente, selectiva y caprichosamente, deja de escuchar las campanas sólo porque se acostumbró a ellas?. Algunas noches, cuando el viento lo permite escucho desde mi habtación el sonido del tren, y sólo ahí reparo en su presencia. Hoy, después de muchos meses vuelvo a escuchar esas campanas... y creo que todo se debe exclusivamente a una cosa: hoy estaba dispuesta a oírlas. Hoy elijo subir a la terraza a las ocho de la noche a permitir que el desubicado vientito primaveral de julio me despeine, que alguna que otra hormiga se trepe por mis piernas mientras yo ignoro su presencia en la oscuridad. Hoy dejo de lado los ruidos para permitirme finalmente oír. Creo que es indudable: algo está pasando con mis sentidos.
Estoy alerta, pero relajada. Hay algo que debo escuchar, algún mensaje que debo entender...algo, que tengo que ver.
Estoy intentando callar el ruido, para así empezar a oír.
.Ly!
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