"Desde que me cansé de buscar, he aprendido a hallar"

21 de septiembre de 2009

Sabés donde te podés ir?

Este es un texto de mierda, porque la sensación es de mierda. Exactamente en el límite entre la bronca y el brote psicòtico. En pleno ataque maníaco-depresivo donde no me pude decidir entre destrozar todo lo que tengo al alcance a patadas, o ponerme a llorar hasta quedarme dormida. Porque realmente me hinché las pelotas, o no sé qué me pasó, pero me cansé. Claramente llegué al límite. Me cansé, no quiero entender más. No quiero consolar más a nadie. No quiero tener que escuchar una y otra vez las mismas pelotudeces. No quiero guardarme las puteadas cuando el infeliz que tengo enfrente no hace más que provocarlas. No quiero ser siempre buena. No quiero ser la mejor mina que conociste en la vida. No quiero ser santa nada. No quiero! Me harté de la posición pelotuda en la que quedo siempre. No soporto a la gente que se victimiza constantemente, y mucho menos si la causa de su desgracia es él mismo. Es imposible que quieras dar lástima al mundo sabiendo que el lugar donde estás es exclusivamente tu responsabilidad. No hay límite para la idiotez humana? En serio, me preocupa. Y lo que más me molesta es que seguramente el otro ni siquiera registre que lo que realmente me enerva sea su incapacidad para tomar decisiones y tener los huevos suficientes para sostenerlas sin hacer culpable al mundo por ellas. No hay ninguna fuerza superior que te obligue a hacer cagadas, estoy segurade eso. Hacete cargo! Lo más probable es que crea que realmente el mundo atenta contra él, y mi falta de acuerdo se deba simplemente … a que soy una hija de puta, que nunca quiso que fuera feliz, porque en realidad nunca superé el hecho de que no fuéramos a ser felices para siempre (¿?). Despertate infeliz!!!!!!!!!!!. No sos el centro del universo. Si no estoy de acuerdo con tus decisiones es porque me parecen…no sé qué me parecen realmente. Menos coherentes, cualquier cosa. Y que te hagas el enojado y no me dejes putearte como realmente amerita, me pone peor. Pero no tanto como las sutilezas que esgrimís, no sé todavía bien con que objetivo. Si para hacerme sentir mal, hacerme enojar… no sé qué sea lo que buscás, pero me parece muy bajo. En realidad, me parece mediocre toda la situación… cada uno de tus argumentos y tus explicaciones sobre la vida me dan ganas de vomitar. Que tu vida sea un castigo que la divinidad puso en tu camino para que pruebes tu fuerza, me parece un poco exagerado. En fin… me parece que sos un circo, y yo soy una pelotuda porque me engancho en estos jueguitos estúpidos que planteás, y encima esto… llego al punto de juntar tanta bronca que quedo así, como esta maraña de puteadas en la que me convertí ahora. Y lo que más me molesta en este momento, es saber que no es la primera vez que esto me pasa. Ser consciente de que estas situaciones se repiten una y otra vez me lleva a dudar seriamente de mi inteligencia. O al menos, de mi inteligencia emocional. Por qué carajo sigo hablando con vos? Por qué??? Creo que es un buen momento para plantear la posibilidad de desadmitirte de mi vida en general, con todas las implicancias virtuales que eso acarrea.
Soy consciente de que igual esto no sea sino la gota que – finalmente – rebalsó el vaso.
Ni bien me despierte, arreglo una sesión urgente para hoy. Necesito desahogar.
Si, me hinché las pelotas.

4 de septiembre de 2009

Momento Perfecto




Este podría ser tranquilamente un momento perfecto. En una mesa de bar, con un café con leche caliente entre las manos, el olorcito a medialunas recién horneadas inundándolo todo... y afuera la lluvia. La gris tarde que se fragmenta en cada charco, en cada espejo, en cada gota que resbala en el vidrio que me separa de ese afuera. Y es ideal, porque no hace frío. O al menos no demasiado.. sólo el suficiente para permitirme usar la bufanda fucsia que acabo de estrenar. Por de bajo de mis pies, la vibración del subte me hace creer en poderosos truenos que mueven mi mundo, y sin embargo... el mundo afuera sigue su curso mientras yo hundo de lleno mi nariz en la taza de café, dejando que el calor coloree mis mejillas.

Un ruido repentino me despierta de repente de mi trance, y entre celulares que suenan sin parar busco aislarme del entorno jugando con la espuma de mi taza. Y dibujo formas con la cuchara, escribo, invento, y me encuentro sin quererlo recordando aquellos textos de Iván, tan Cortazarianos, tan simples y tan complejos a la vez. Tan exactos. Sentado frente a una taza se llamaba. Creo que hasta puedo recordar algunas frases de memoria. Deben haber pasado tres o cuatro años de ese texto, y de todos los otros que acompañaban nuestras madrugadas, entre charlas literarias, divagues interminables y mucho humor. Yo también escribía sobre lluvias y café entonces. Aunque en realidad... no era exactamente yo quien escribía, sino otra. Otra Eliana. Una versión anterior de mí, sin tantas cicatrices y sin tanto miedo. Con muchos más momentos de felicidad, aunque no con más risas. Con menos pasado al hombro y muchas más ganas de intentarlo todo.

Hoy sigue lloviendo, y sigo tomando café. No es la misma esquina ni las mismas las situaciones, pero sí es similar la sensación. Creo que antes podía percibir las cosas de otra forma. Otra sensibilidad, otra perspectiva, otra actitud frente a la vida y el amor, otras inquietudes y otras expectativas. Veo que hoy mucho de eso cambió, y no creo estar del todo conforme con el cambio. Y no creo tampoco haber cambiado voluntaria y conscientemente. El tema dice: dejaste que el dolor te curtiera la piel... y tal vez sea eso. No me gusta admitirlo y mucho menos sentirlo, pero inevitablemente algo mío se perdió en estos años entre sales y algunos puñales.

Me acuerdo de la época en la que un viaje en bondi podía convertirse en el momento mágico del día, si sólo contaba con un mp3 y ganas de hilvanar historias no narradas. Pararse en un semáforo y contemplar un temeroso sol asomando por entre las nubes cargadas de lluvia, y quedarme parada mientras todos cruzan, sólo observando el regalo de colores que Dios me preparó esa tarde en esa esquina. Estudiar con Ismael de compañía, y mechar frases melancos entre renglón y renglón. Cantar mientras estudio, mientras camino, mientras me baño.... Yo era alguien que sabía disfrutar de las pequeñas cosas. Pero en algún punto del viaje, la inmensa nada me aplastó. Hoy me cuesta conectarme con esa sensibilidad que era capaz de inundar mis apuntes con frases que nada tenían que ver. Me cuesta ubicar esa parte del alma que siempre estuvo tan a flor de piel, y que hoy se esconde.

Algo de mí se perdió en este viaje. Ojalá no sea tarde para volver a nacer.. para poder levantarte - dice dos acordes después la misma canción. Y ahora, en este preciso momento en que puedo ver la lluvia de la mano de mi taza de café, sentada en una mesa de bar en una esquina mientras llueve y relleno renglones violetas sin parar... sé que no es tarde. Que de mí depende hoy que ese idioma que sabía interpretar vuelva a tener sentido para mis manos. Y justamente porque no es tarde es que escribo mi mail en una servilleta para que aquel mozo que en todo este tiempo no dejó de ver mi cuaderno - tratando quizás de descifrar lo que escribo - tenga al menos la posibilidad de preguntarme de qué se trata.

No es tarde para verme reír.

Es un momento perfecto.





Y auguro muchos más por venir.









♫ ♪ [De fondo suena: Verte Reír, de No Te Va Gustar] ♪ ♫



1 de septiembre de 2009

Otras primaveras...



Tengo que escribir. Algo tengo que escribir, aunque no sepa qué. Necesito hacerlo, simplemente porque no puedo dejar que este día pase de largo sin haber escrito algo, sin haberlo llenado con algo de mí. No puedo dejar que el día de hoy pase de largo y en blanco. No puedo silenciarme hoy. De manera que necesito encontrar las palabras que basten para darle a este hoy un nuevo sentido. Y probablemente no las encuentre. Las busqué... pero no están. Así que me puse a revolver entre letras amarillas y papeles arrugados tratando de encontrar ese idioma que ya no manejo, porque lo olvidé. Y entendí.

Entendí entonces que no se trata de volver a hablar viejas lenguas ni mantener a flote ropas antiguas. No se trata de eso. Y tampoco se trata de escribir por escribir, como el capricho idiota que nos conduce a veces a hacer las cosas más insólitas sin razón aparente. Se trata de buscar cómplices que atestigüen mi estado anímico de hoy. Se trata de ponerle nombre a estas repentinas ganas de vomitar, que nada tienen que ver con lo físico. Se trata de cachetearme de golpe obligándome a mirar para atrás, para reafirmar una vez más que voy por el camino correcto. O quizás.... Quizás no sepa realmente de qué se trata. Lo que sé es que hoy es un buen momento para agendar como un buen principio. Este es el momento en el que quiero decir "hasta acá", y que efectivamente hasta acá llegue todo aquello de lo que ya no quiero ocuparme. Creo que bastante tiempo le dediqué ya a algunas cosas, y sé que no se merecen más. Hoy es un buen momento para pensar en pintarme las uñas, plancharme el pelo y llegar al laburo media hora antes y con facturas, porque mi exilio estacional me hizo extrañarlos. Es un buen momento para pasarme la noche sin dormir, leyendo, para escuchar canciones nuevas, para aprender nuevos idiomas. Definitivamente creo que no se trata de recordar cómo decir, sino de aprender a decir distinto. Desde otro lugar, con otras herramientas, sabiéndome dispuesta a otras cosas. No es escribir por capricho, sino por necesidad. De contar, de saber, de entender.... de leerme a mí misma en voz alta para confirmar que soy yo hoy quien escribe la historia, y nadie de atrás me tira letra ni me obliga a omitir personajes. Se trata de decidir de qué forma reírme hoy, porque ya no están en duda las ganas de reír. Se trata de ajustar motores, de coordinar relojes, de calibrar maniobras, y finalmente andar.

Hoy el día no queda en blanco, porque hoy decido finalmente vaciar esa mochila vieja con olor a sal y humedad, para colgarme mi morral... más liviano, más colorido.. y más mío. Porque hoy decido quemar la guía T y perderme, no importa dónde. Porque me encontré, charlando conmigo. Y he decidido a partir de hoy caminar de mi mano sin soltarme, salvo para volar.






Porque después de todo he comprendido

que lo que el árbol tiene de florido

vive de lo que tiene sepultado.