"Desde que me cansé de buscar, he aprendido a hallar"

27 de julio de 2010

Pensar para no pensar

Dejo la cartera, bolso o mochila sobre la silla, la campera en el respaldo, silencio el celular, y me acomodo. Me saco la hebilla del pelo (si es que hay), y juego con ella abriéndola y cerrándola en mis dedos. Si no tengo hebilla me divierto haciendo girar el centro de mi anillo de acero. Casi como un ritual. Y casi como una constante no sé muy bien por donde empezar, y termino no sabiendo cómo callarme. Como un dique, una vez que abren las compuertas es casi imposible frenar esa violenta catarata de significantes, ideas, asociaciones, adjetivos, nombres, puteadas a veces, reflexiones, etcétera, etcétera y etcétera.
Y al salir, la cosa puede variar. Puede sobrevenir una incontrolable necesidad de caminar sin rumbo determinado para acomodar ideas, con el entrecejo fruncido y la mirada casi casi perdida, o bien puedo recurrir urgentemente a los auriculares para apagar algún que otro grito que prefiero no escuchar.
Y hoy.. hoy no fue ninguno de los dos. Hoy simplemente esperaba en la parada del bondi, muy despeinada para variar (porque el diván despeina) cuando un vientito practicamente primaveral se empeñaba en desacomodar los pocos pelos que todavía se mantenían en su lugar. Y ahi pensaba que casi es agosto, que casi termina el año, que está empezando a hacer calorcito, que me gustaría que lloviera, que tengo ganas de bailar, mucho... pensaba, qué sé yo, en cosas... todas esas cosas en las que la gente piensa para evitar realmente pensar en aquellas cosas en las que tiene que pensar.

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